Ahoj
Y es que por la cuenta que me trae, más me vale ir aprendiendo algo de checho ya que es a la República Checa donde me ha llevado mi nueva aventura profesional. No, no he cambaido de empresa sino que a la actual le surgió un proyecto en Praga y yo fui uno de los premiados.
Siempre me mostré encantado con la idea de ir a trabajar una temporada fuera por lo que nunca hubo ninguna necesidad por parte de nadie de convencerme. Ya que le gusta la idea de irse fuera, debieron pensar mis jefes, vamos a plantearlo como un premio: “siempre pensamos en ti cuando surgió este proyecto, te lo has ganado, te lo mereces…”. Seamos sinceros, estoy seguro de que si me respuesta no hubiera sido tan favorable ante la posibilidad de irme a un proyecto fuera otro hubiera sido el planteamiento por parte de la empresa. Tal vez un “es una gran oportunidad, te vamos a pagar más…”. No me parece reprochable este comportamiento de la empresa y es que cada cual intenta jugar sus cartas lo mejor que puede.
Si me paro a pensar llego a la conclusión de que no debe de haber por ahí mucha gente dispuesta a hacer la maleta e irse a un país extranjero donde hablan otro idioma a trabajar en un proyecto complicado.
Mi situación personal y mis vivencias me permite esta aventura:
- Para empezar, ya no sé ni los años que hace que me fui de casa para estudiar fuera. He vivido en distintas ciudades y dormido en una docena de sitios diferentes por lo que no he podido desarrolloar un amor incondicional a un cama y/o colchón en particular. Por ahí se escucha hablar de gente que apenas puede dormir si no es en su propia cama o si el colchón no tiene una infinidad de características.
- Llevo alejado de la cocina de mi madre los mismos años que llevo fuera así que mi estomago no es nada delicado. Los que me conocen, saben que básicamente, si me cae en el plato y hay pan para acompañar, me lo como y hasta rebaño (mi padres pueden estar orgulloso). No tengo problemas si aquí la mitad de los días acabo comiendo pollo porque apenas hay otras opciones viables o si la mayonesa sabe mostaza. Muchos hay por ahí que o comen en casa o se llevan el tupper porque han desarrollado una intolerancia a cualquier comida que no sea la de sus madre.
- Vivir fuera de casa también haces que olvides otros hábitos alimenticio. Si hay que almorzar a las 11 porque es constumbre del país donde estás y cenar a las 23 el mismo día porque es la costumbre en España tampoco tengo problema, no va a provocar en mí ningún trastorno alimenticio. Muchos no sobrevivirían.
- He cambido de ciudad varias veces, como he dicho, y varias veces son las que he dejado a tras práticamente todos los amigos. Sé lo que es estar varias semanas sin poder ir a tomar un copa por no tener con quién ir a tomarla por lo que ahora, si me tengo que quedar un fin de semana sólo en un país extranjero, no voy a entrar en depresión ni llamaré llorando a casa.
- Llevo años viendo series en versión original y leyendo libros en inglés unos años ya por lo que ahora, a pesar de haber recibido mi última clase de inglés allá por el 99 ahora logro sobrevivir en un país extranjero y en un proyecto donde el idioma oficial es el inglés. No sin esfuerzo y ni sin malos momentos… pero sobrevivo, cada día mejor.
- Entrando en el terrenos más personal puedo decir que no tengo novia, al menos no una dependencia que me ate a ningún sitio y estoy acostumbrado a estar meses sin ver a la familia.
- …
Por supuesto, también podría hacer una lista de cosas a las aún no estoy acostumbrado, como el que el sol entre por mi ventana a las 4:25 de la mañana por que aquí amanece a esa hora y porque las persianas no son muy conocidas más allá de los pirineos.
No sé… repasando todo esto creo me doy cuenta de que tal vez no sea tan sencillo mandar a alguién a trabajar fuera.
Dicen que Praga es una ciudad presiosa llena de mujeres bonitas. Sí, es cierto, he podido comprabarlo algún fin de semana que me he quedado aquí y es que aunque la empresa me paga lo billetes todas las semanas es una locura coger un vuelo que siembre va con retraso a España el viernes a las 20.00 y pisar suelo español a eso de las doce. Con un poco de suerte estoy metido en cama a eso de las 1 después de unas 7 horas entre taxis, aeropuertos y vuelo. ¿La vuelta? A las 4.30 de la mañana suena mi reloj el lunes: maleta, taxi, aeropuerto, avión, aeropuerto, taxi, oficina, taxi para por fin llegar a mi apartamento en Praga con un poco de suerte a eso de las 20.30. Y levantandose a las 6.30 de la mañana y saliendo a las 20.30 de la oficina (generalmente) no logro superar el madrugón del lunes.
Voy a saltarme la parte en la que hablo del proyecto ya que éste sigue su curso y no me parece correcto comentar nada hasta que termine. Sólo diré que en los cinco años que llevo trabajo jamás había deseado tanto que llegaran los viernes… incluso sabiendo que el viernes me pueden estar esperando hasta 7 horas de viaje para llegar a España. Siempre he hecho el remolón al sonar el despertador y miles de mañanas he pensado en lo maravilloso que sería no ir a trabajar y quedarme durmiendo. Ahora mi pensamiento es diferente por las mañanas. Todas las mañanas la misma idea me invade: no quiero ir a trabajar. Como si fuera un crío de 10 años que no quiere ir al colegio porque el profesor le tiene manía y porque además sabe que los otros chicos del cole le van a pegar al entrar, en la hora del recreo y a la salida.
Mucha gente recordará el mundial de fúltbol de Suráfrica como el año que España ganó el su primer mundial. Yo además, como el año que tuve que ver más de un partido en el aeropuerto. ¿Si celebré el trinfo español? No. Tras ternimar el partido y ver a Casillas levantar la copa, me fui a casa a dormir porque al día siguiente era lunes y el reloj ya estaba puesto a las 4.30.
Por supuesto, como dije, estoy aquí voluntario. Me gusta pensar que fui voluntario. Es una gran oportunidad tanto profesionalmente como personalmente y eso me anima a seguir adelante a pesar de todos los problemas y penurias.
A todos aquellos que piensen que esto es como estar en unas vacaciones pagadas, que aquí nos lo estamos pasando bien y que van diciendo por ahí: “pero qué suerte tienes cabrón”… No, esto no es fácil. ¿Te pondrías en mi lugar? Piénsalo detenidamente.